Así surgieron algunos de los platos más castizos de Madrid

¿Alguna vez te has preguntado por qué es típico en Madrid comer rosquillas tontas o listas, en San Isidro? ¿Has pensado alguna vez por qué el bocadillo de calamares es un fijo de la gastronomía madrileña cuando no tiene puerto? Hoy nos adentramos en las curiosidades de la historia culinaria madrileña, ¡toma nota!

Empezamos con uno de los platos más contundentes de Madrid: el delicioso cocido madrileño.

Sin duda es uno de los platos estrella de la gastronomía madrileña. En invierno pocas recetas consiguen reconfortar tanto como ésta. Y, aunque en muchas ocasiones se le ha comparado con el cocido montañés o el cocido maragato, lo cierto es que este plato lleva cientos de años sirviéndose en Madrid.

Aunque los orígenes son inciertos se dice que en 1607 apareció la receta por primera vez en el “Libro del arte de cozina”. Era una receta muy común en el territorio, pero en cada región la preparaban con diferentes variantes. De hecho, al principio la receta no llevaba garbanzos si no habas. Ahora lo podemos encontrar en cualquier restaurante madrileño con garbanzos, repollo, zanahorias, morcilla, galllina y chorizo, pero no siempre se cocinó así. Lo que si sabemos con seguridad es que el origen del plato era humilde y que no fue hasta el siglo XX donde empezó a tener fama.

 

Ahora que ya hemos dejado atrás el primer plato os hablaremos del segundo. Te avisamos ya: en este caso tampoco es algo muy ligero que digamos. Hablemos ahora del famoso bocadillo de calamares.

Puede resultar curioso que un plato cuyo elemento principal sea un molusco, se encuentre entre los platos más típicos de Madrid. Son embargo, en la capital se encuentra marisco y pescado de alta calidad desde el siglo XVIII.

La inmigración gallega e incluso la gastronomía andaluza influyó mucho en la capital a mediados del siglo XIX. Los vinos y el pescado frito conquistaron al público madrileño. Y, de hecho, siguen conquistándolo a día de hoy.

Pero la afición del bocadillo de calamares no se estableció como tal hasta muchos años después: Los calamares se consideraban como un plato pobre, de origen humilde. Al comerlo en bocadillo permitía transportarse y comerlo fácilmente en el descanso de la comida o de un trabajo a otro. Vamos, que era una especie de fast food en el siglo XX.

La Vanguardia publicaba el 28 de agosto de 1968 una referencia hacia los bocadillos de calamares en la calle San Bernardo de Madrid: “(…) Un olor, entre repugnante y apetecible, a bocadillos de calamares, que se vendían en numerosos bares y tabernas“.

 

Y, como no queremos que os quedéis con hambre, no podemos despedirnos sin hablar de algún postre. En esta ocasión queremos hacer referencia a las famosas rosquillas tontas y listas, que tanto se consumen por San Isidro en Madrid.

Aunque en este caso la fecha también es incierta, es curioso que a este postre haya un nombre tan asociado como éste: el de la Tía Javiera. Algunos decían que era de Fuenlabrada mientras otros defendían que provenía de Villarejo de Salvanés. Pero lo que sí sabemos con seguridad es que se le asocia a ella la popularización de este postre. Las rosquillas solían acompañarse con vino blanco de Arganda y, eran tan deliciosas, que los artesanos comenzaron a afirmar que eran familiares de la Tía Javiera, puesto que cada vez que visitaba la ciudad vendía todos los dulces que llevaba.

Para los que no seáis gatos aclaramos: aunque todas las rosquillas tienen la misma base, las “tontas” son aquellas que no van bañadas ni tienen ningún añadido como azúcar por encima. Las listas son aquellas que llevan una cobertura de azúcar fondant (azúcar, zumo de limón y huevo). Las de Santa Clara, que eran tan famosas como las de la Tía Javiera, llevan una cobertura de merengue seco.

 

¿Qué os parecido el “menú” de hoy? Esperamos que os hayan parecido curiosos estos datos sobre la gastronomía madrileña y por supuesto que los probéis para dar vuestro veredicto. Eso sí, no es necesario que lo comáis todo a la vez. Ni en el mismo día.

2 opiniones en “Así surgieron algunos de los platos más castizos de Madrid”

  1. Hacer referencia a 1968 respecto de los bocadillos de calamares en Madrid, es tener muy muy poca “memoria”
    En esas fechas ya los recordaban los mayores como algo de su infancia.

    1. Buenos días Miguel. En efecto el bocadillo de calamares se remonta a mucho antes de 1968. Sin embargo, es importante esa cita del periódico La Vanguardia porque fue un cambio de concepto: hasta entonces el bocadillo era un plato muy humilde, algo que se consumía por tres pesetas (o menos) y que era visto como algo rápido para salir del paso. La publicación del periódico demuestra que comenzó a cambiar el concepto de este plato y que se le empezó a dar más importancia de la que tenía. ¡Un saludo y gracias por tu comentario!

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